The Line Proyecto Fracaso

De los 170 km prometidos a solo 2,4 km. Analizamos qué ha fallado en el megaproyecto de NEOM.

El sector AECO (Arquitectura, Ingeniería y Construcción) observa con atención —y cierta dosis de realismo confirmada— las últimas noticias que llegan desde Arabia Saudí. The Line, el proyecto que pretendía redefinir el urbanismo mundial con un rascacielos horizontal de 170 kilómetros, ha chocado frontalmente contra la realidad.

Según revelan fuentes internas y responsables del proyecto citados recientemente por medios financieros como el Financial Times, la obra ha dejado de ser sostenible. La magnitud del recorte es drástica: de la «cicatriz» infinita que cruzaría el desierto, la nueva hoja de ruta contempla únicamente la ejecución de tres módulos, reduciendo la longitud total a unos 2,4 kilómetros.

Cuando la hoja de cálculo vence al render

En Ezien Arquitectura, acostumbrados a la gestión de proyectos en Alicante, donde la orografía y los costes mandan, siempre insistimos en una máxima: el papel lo aguanta todo, la obra no. El caso de The Line es el ejemplo paradigmático de lo que ocurre cuando el diseño ignora la viabilidad técnica.

Los datos que han trascendido ilustran un desafío logístico imposible de sostener, incluso para una economía basada en el petróleo:

  • La crisis de los materiales: Para levantar únicamente los primeros 20 módulos proyectados, se calculaba una necesidad anual de cemento superior a la producción total de Francia en un año.

  • El monopolio del acero: El revestimiento de la fachada habría requerido absorber el 60% de la producción mundial de «acero verde», lo cual habría disparado los precios globales, haciendo la obra inviable financieramente.

  • Logística de ciencia ficción: Para cumplir los plazos de la Visión 2030, la obra exigía la llegada de un contenedor de materiales cada ocho segundos, las 24 horas del día, sin interrupción.

El «Traje Nuevo del Emperador» en versión arquitectónica

Más allá de los materiales, el fracaso de The Line pone sobre la mesa un problema de gestión de proyecto. El diseño original, una franja urbana planteada por el estudio Morphosis, mutó radicalmente por decisión directa de Mohammed bin Salman (MBS). Fue el príncipe heredero quien impuso las dos torres paralelas de 500 metros de altura y el acabado de espejo.

Ingenieros y arquitectos que han trabajado en el proyecto describen un ambiente donde las advertencias técnicas («la física quizá no coopere») eran sistemáticamente ignoradas. Se construyeron cimientos y se pilotaron miles de metros que ahora, tras los recortes y cambios de criterio, han quedado inservibles en el desierto. Como señalaba un urbanista saudí a los medios internacionales: «Como experimento mental, genial. Pero no construyas experimentos mentales».

La lectura desde la arquitectura real

La reducción de The Line no es solo una noticia financiera; es una lección de humildad constructiva. El urbanismo requiere organicidad, adaptación al medio y, sobre todo, una escala humana y económica viable.

Lo que queda hoy del proyecto son zanjas gigantescas, cimientos abandonados y una corrección severa de las expectativas. El «megarascacielos» horizontal se convertirá, previsiblemente, en un complejo de lujo acotado, lejos de la revolución civilizatoria prometida.

Desde nuestro estudio, valoramos la ambición, pero defendemos la arquitectura que toca tierra. Porque al final, ya sea en el desierto saudí o en la costa levantina, la gravedad y la economía siempre tienen la última palabra.

 

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Ezien Arquitectura y urbanismo
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